¿Sabías que muchas de las instituciones que hoy consideramos «naturales» son, en realidad, simples accidentes históricos? En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, solemos dar por sentado que organizaciones como el Estado o nuestro discurso moral han estado siempre ahí o que son el resultado inevitable del progreso. Sin embargo, el profesor Roque…

27 marzo 2026 13:08

¿Sabías que muchas de las instituciones que hoy consideramos «naturales» son, en realidad, simples accidentes históricos? En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, solemos dar por sentado que organizaciones como el Estado o nuestro discurso moral han estado siempre ahí o que son el resultado inevitable del progreso. Sin embargo, el profesor Roque Sampedro, de la Universidad de las Hespérides, nos invita a cuestionar esta visión en su reciente conferencia del ciclo Food for Thought: “La importancia del pasado para la comprensión del presente: entre la historia y la filosofía”.

Para Roque Sampedro, la historia no es una mera recopilación de datos organizados, sino un “discurso razonado sobre el pasado” que busca otorgarle sentido en relación con el momento en que se escribe. Durante su charla, exploró cómo la relación entre lo que fuimos y lo que somos ha evolucionado a través de tres grandes modelos: desde la visión clásica de la historia como “maestra de vida” (historia magistra vitae), pasando por la filosofía de la historia del siglo XIX, hasta llegar a la historia crítica o posmoderna.
Uno de los puntos más fascinantes es la desmitificación de la ejemplaridad. Antiguamente, las crónicas eran un “espejo de virtudes y vicios” diseñado para que los gobernantes aprendieran ética y política a través de hechos veraces. Sin embargo, como señala el profesor, hoy de poco nos sirve el comportamiento de un señor feudal, dado que nuestras estructuras sociales han cambiado radicalmente. Es aquí donde cobra sentido la historia crítica: su función no es solo narrar, sino actuar como una herramienta para “desnaturalizar la sociedad del presente”, mostrando que aquello que creemos eterno es, en realidad, contingente.

El gran ejemplo que articula esta visión es la institución del Estado. Sampedro argumenta que hemos “naturalizado” el Estado nación hasta el punto de no poder imaginar sociedades complejas sin él. No obstante, a través de una “genealogía crítica”, el profesor nos recuerda que existieron momentos fundamentales de la historia occidental —como las polis griegas, la anarquía feudal o las monarquías corporativas de la Baja Edad Media— en los que el poder no estaba ni monopolizado ni centralizado. En la sociedad feudal, por ejemplo, lo que hoy llamaríamos “caos” era, en realidad, un orden políticamente policéntrico, con múltiples centros de poder y mecanismos de resolución de conflictos que funcionaron durante siglos.
Finalmente, el aprendizaje clave de esta sesión es que el estudio del pasado actúa como un espejo que nos permite “imaginar futuros distintos”. Al comprender que el Estado o nuestras categorías morales tienen un origen concreto y no son verdades universales, recuperamos la capacidad de ser críticos con nuestro entorno. Como concluye el profesor Sampedro, la historia tiene una utilidad que trasciende el mero coleccionismo de antigüedades. Es la disciplina que nos enseña que todo lo que tuvo un comienzo puede también tener un final, y que abre así la puerta a nuevas formas de organizar nuestra vida política y social.