¿Pagamos pocos impuestos o gestionamos mal? Santiago Calvo desmonta el mito de la baja presión fiscal en una nueva sesión del ciclo Food for Thought.
¿Es la inflación un impuesto encubierto? ¿Pagamos más IRPF sin que nadie lo apruebe? ¿Tiene sentido comparar la presión fiscal entre países? Estas fueron algunas de las preguntas que marcaron una nueva sesión del ciclo Food for Thought que no dejó indiferente a nadie. Se habló de cuña fiscal, del coste oculto de no deflactar el IRPF, del déficit persistente pese a la recaudación récord y de cómo el esfuerzo tributario recae cada vez más sobre los trabajadores.
La sesión estuvo a cargo de Santiago Calvo, doctor en Economía por la Universidad de Santiago de Compostela, profesor en la Universidad de las Hespérides y subdirector del Centro de Investigación Ruth Richardson, que bajo el título “El mito de la baja presión fiscal española” ofreció un análisis tan riguroso como provocador sobre la estructura fiscal del país y la sostenibilidad de las cuentas públicas.
Asimismo, expuso cómo la aparente mejora de la deuda pública se debe más a la inflación y al crecimiento del PIB nominal que a un verdadero equilibrio presupuestario. En ese contexto, lanzó una advertencia contundente: “No deflactar la tarifa del IRPF significa subir los impuestos”. Según sus cálculos, esta omisión cuesta a cada hogar español unos 1.100 euros al año. Y, pese a una recaudación en niveles sin precedentes, el déficit sigue por encima del 3% del PIB.
Uno de los puntos más llamativos fue el análisis de la evolución de la cuña fiscal, ya que afirmó que los trabajadores pagan “más impuestos que nunca en España”, para demostrar cómo la carga tributaria se ha desplazado hacia el empleo. Para Santiago Calvo, esta tendencia desvela una estructura desequilibrada que penaliza la competitividad y dificulta la creación de empleo.
Durante la sesión, también cuestionó el uso político de la presión fiscal como indicador internacional. “La presión fiscal es un muy mal indicador”, sentenció, porque se trata de una cifra agregada que no refleja ni el esfuerzo real de los contribuyentes ni la eficiencia del sistema. Su diagnóstico final fue claro: “El problema es la deficiencia a la hora de recaudar”.
El diálogo posterior, moderado por Daniel Fernández, se convirtió en una prolongación natural de la conferencia y un intercambio vivo sobre los dilemas del modelo tributario, la inflación como “doble impuesto” y el futuro de las finanzas públicas. Hubo reflexión y también una invitación implícita a repensar el papel del Estado y la responsabilidad del ciudadano en una economía que necesita más eficiencia y menos complacencia.